Humus: Origen, autor y receta

humus

Si eres de los que cuando pasa cerca de las verduras del Mercadona y te viene a la mente: “uf, me apetece tela coger humus” y luego vas y te coges picos o zanahorias para acompañar, este es tu artículo.

Vamos a hablar de ese alimento que se ha convertido en una cosa medio normal en nuestra gastronomía a pesar de venir de una región muy lejana. De su origen, de cómo se hace, de cómo se come… Todo lo que quieres saber sobre este producto, que hará que al terminar de leer bajes al supermercado, está aquí.

¿De dónde viene este elixir de los dioses?

El nombre “humus” proviene del árabe. Significa “garbanzos”, la verdad es que los árabes no se andaban con tonterías. ¿Acaso no es un “puré de garbanzos”? Pues eso. También hay que tener en cuenta que el nombre completo y real es ḥumuṣ bi-ṭ-ṭaḥīna (humus con tahini). El tahini es una pasta hecha con semillas de sésamo con la que se acostumbra a acompañar el humus.

Originalmente, según el nombre, la receta del humus solo tiene garbanzos, tahini, ajo y limón. Pero veamos a continuación diferentes formas de disfrutarlos.

¿Cómo se come (y disfruta) el humus?

Vamos a lo que de verdad importa. Lo de la literalidad del significado está muy bien, pero a este artículo hemos venido a disfrutar. Pónganse los baberos.

El humus, normalmente, se suele utilizar como entrante o aperitivo. Se suele acompañar con aceite de oliva y paprika y en algunos casos se añaden también algunas verduras, setas, los garbanzos enteros o sésamo.

Casi lo menos importante es con qué se moja -tengo que reconocer que he metido el dedo en cuencos de humus- pero se suele acompañar con picos/colines/roscos (ya haré un artículo sobre los distintos nombres que tienen) o, para mí con lo que mejor está, con pan de pita. Y, mira, ya que estás acompáñalo de un buen vino.

Algunos también pueden acompañarlo con zanahorias u otras verduras para hacer el aperitivo mucho más sano.

El humus como disputa cultural

No hablo de esas peleas en las que tú y tu amiga contáis la de veces que habéis metido el pan en el cuenco o de “mira, es que tú lo llenabas más”. Hablo de la pelea cultural que tiene Líbano e Israel -además de otros países- por ver quién es el autor de este, ahora tan preciado alimento.

El principal problema es que el descubrimiento del garbanzo data de hace 10.000 años en Turquía y el tahini se empieza a utilizar en libros árabes del siglo XIII. También hay que tener en cuenta que las áreas con las que ahora cuentan algunos países de Medio Oriente han cambiado de superficie, tamaño o incluso habitantes.

Sirios, libaneses, israelíes turcos… todos quieren un trocito del origen de este alimento, pero la cosa se puso tensa cuando Libano acusó hace 13 años a Israel de intentar atribuirse la autoría del mismo aprovechándolo para ganar dinero, tener publicidad, turismo…

Ya sabéis… cuando empieza el dinero, todo se vuelve loco. Llegó a tanto que Líbano pidió al a la Unión Europea que lo acreditase como autor oficial pero se desestimó.

Espero que hayas aprendido mucho más de este alimento y, por supuesto, no me puedo ir sin dejarte una receta rápida que nos ha encantado:

1er paso: Limpia y pon los garbanzos en un escurridor. Pela un ajo y saca el zumo de medio limón.

2o paso: Pon los garbanzos cocidos, 70 ml de agua, 50 ml de aceite de oliva, el ajo pelado, el zumo de limón, 1 cucharada de tahini y media de sal y media de comino en una batidora y tritura hasta que quede una crema. ¡Ojo que no queden grumitos!

3o paso: Echa paprika al gusto y un chorrito de aceite de oliva. Puedes añadir sésamo.

Os dejo ya porque no quiero que me cierre el supermercado para coger los ingredientes. ¡Disfruta y no olvides mandarnos una foto de esta delicia culinaria a @culturapanapo en Instagram!

¡Viva el humus!

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