Lo que no nos contaron sobre los Inuit (esquimales)

los inuit

Si os digo la palabra “esquimal”, seguramente muchos de vosotros pensará en una persona con rasgos asiáticos, con un gorro de piel y pelo y saliendo de un iglú al lado de un lago helado en la Antártida, pero la realidad es bien diferente.

Para empezar con este artículo, y como bien ves en el título, hoy en día denominarles como esquimales es una falta de respeto. De hecho, se podría considerar despectivo, ya que originariamente esa palabra viene a significar “los que comen carne cruda” o “constructores de raquetas de nieve”. ¿Y a que no sabéis quién les puso este nombre? Pues su pueblo vecino, los Algonquinos, que da la casualidad que eran sus más fieros enemigos. Vamos… que es como si a mí me siguen llamando “Gafotas” por la calle.

Así que desde ahora en adelante, vamos a llamarles Inuit, que simplemente (o no) significa “seres humanos”. Inuit serviría para referirse a la “raza” en plural. Cada uno de ellos son Inuk.

Podrías pensar que los Inuit tienen poco tiempo de vida y que son unos urbanitas que se cansaron del calor, pero la verdad es que tienen más de 4.500 años de historia. Una historia que empezó en el Ártico donde los primeros pueblos cruzaron el estrecho de Bering desde Asia.

¿Dónde están los Inuit?

Como hemos dicho antes, durante los 4.500 años de historia que tienen desde que cruzaron el estrecho, el pueblo Inuit ha ido extendiéndose hasta ocupar varias zonas de Canadá, Rusia, Alaska y Groenlandia. Para que entendáis la magnitud de esto, llegaron a ser la etnia más extendida geográficamente de todo el mundo. Y eso que existían otras etnias con muchos habitantes. ¡OJO AHÍ!

Y es que, siguiendo su estilo de vida fresquito, estas son las zonas donde pueden vivir los Inuit. Pueden alcanzar temperaturas de 55ºC bajo cero y estar en verano a unos 5-10ºC. Ríete tú del agua del Cantábrico. De hecho, durante 3-4 meses, muchas familias de esta etnia tienen que permanecer completamente aislados en sus casas por culpa del hielo.

Sí, he dicho “CASAS”. Y es que, aunque en nuestro imaginario colectivo solo aparecen iglús, la realidad es que la casa “normal” de los Inuit está formada por piedra y turba, también se le puede añadir partes de animales como ballenas o morsas. Eso sí, casi el 20% tenía los iglús como casa temporal. Vamos… un Airbnb de toda la vida en Groenlandia.

Y, ¿cómo viven estos Inuit?

Sus tradiciones han cambiado mucho y poco, depende de cómo se mire. Por un lado, desde finales del pasado siglo, crearon su primer banco. Sí, en serio, un banco bajo el frío hielo. Son autosuficientes pero en muchos casos necesitan comerciar y, para ello, siempre tendrán los bancos para “echarles una mano”.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que su dieta está basada en grasa y carne de animales que no cocinan. Lo necesitan para aguantar el frío tan intenso que azota esas áreas del mundo, por supuesto. De hecho, y he de reconocer que esto me da mucho asco, hay algunas lenguas que dicen que añaden estas carnes y grasas al café. Yo solo pensar que me levanto a las 7:00 para pescar focas o lo que sea y me dan un café con grasa de animal… Uf, no.

Con respecto al amor, no hay una celebración como tal del matrimonio, sino que simplemente se consideran como “parejas” aquellas personas que viven bajo el mismo techo. Entiendo que con esas temperaturas el roce hace el cariño. Eso sí, se miran con mucho detalle las habilidades que se tengan para mantener una familia: que sepan cocinar, cazar… Te dejamos este vídeo donde te cuentan mucho más de sus relaciones amorosas.

Finalmente, y siguiendo su carácter nómada, los Inuit necesitan estar continuamente viajando, a veces para cazar u otras veces para conseguir otros materiales para la casa. Para ello, solían utilizar kayaks o trineos de perros. Actualmente, sí que es verdad que se han modernizado y han comprado ciertas embarcaciones motorizadas que les facilita mucho el trabajo.


Al igual que todo en esta vida, este pueblo ha ido evolucionando poco a poco y se ha ido adaptando a la actualidad. A pesar de que hay muchas cosas que no mantienen, muchas tradiciones sí que siguen en sus vidas.

Algún día me encantaría pasearme por Groenlandia para conocer más a fondo esta cultura. Espero de verdad que no me den a probar café. Y eso sí, me tendré que llevar un anorak, palabra procedente de su lengua, ya que anoré significa viento.

Con ese viento frío me marcho, pero no os quepa duda de que haremos una visitilla. Hasta entonces, cuidaros y taparos por las noches.

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